5/10/2010

Cojones duros

Como hace mucho tiempo que no escribo, he pensado que quizá sea poque no tengo los cojones duros. Parece condición indispensable. Aunque si soy sincero, llevo una temporadita como para que se me pongan de mármol, del mármol duro con que se esculpió el daviddemiguelángel y resistir cinco siglos las miradas boquiabiertas de chinitos y europeos con cara de memos. De hecho, podría hablarte de mi familia lumpen, y entonces mis cojones se endurecerían más que la propia kriptonita. Los cojones duros a lo Carver o Roger Wolfe (según Pablo), los cojones duros a lo Norman Mailer. Los cojones duros para escribir desde dentro de la oscuridad cuando afuera todo el mundo ve luz y sol. Incluso los cojones duros para que te tiente el escribir y resistir, cuando lo que te sale es pura sensiblería barata, menopáusica sensiblería. Y todo esto por leer a Marzal, que hoy me ha abierto una razón para seguir resistiendo tentaciones.

El extraño artilugio de un poema
es una imperturbable realidad
que soporta flemática, sin daño,
cualquier definición.


                                  Es una joya
que resplandece en sus palabras justas,
las ágatas pulidas de una lengua.
Un silogismo para concebir
el hecho inconcebible de estar vivo.
Un camarada fiel que cobijamos
y en la noche del alma nos cobija, 
Una semicorchea en el concierto
que interpretan los astros infinitos.


          Y es una forma rara de aventura
que nos conduce hasta un país insólito:
esa estepa glacial de la emoción.


Para viajar allí, donde el poema,
un escritor requiere algunos víveres:
cierto devoto amor por los difuntos,
cierto olfato verbal, cierto talento,
cierta ebanistería del oficio,
cierto dios sabe qué de inexplicable.


            Y en especial tener cojones duros,
para no sentir miedo de perderse,
para el delirio de apostar con fe,
para adentrase solo en tierra extraña,
para el forzoso puerto del fracaso.


Una fuerza moral.
                          Consiste en eso:
una fuerza moral contra el destino.

1 comentario:

Pablo dijo...

Cojones duros... ¡Qué obsesión tenemos los españoles con la genitalidad! (Otegi dixit).

Dale, Alberto. Siempre será peor que te coja Fefi3 en bombachita de pelitos y en el cuarto de baño que olía a meao de viejito.